sábado, 11 de enero de 2020

Celia



                                                           
Amante siempre de la verdad, valiente, de gran jocosidad, ella es Celia Esther de Los Desamparados Sánchez Manduley,  de esas personas imprescindibles para conocer la historia de Cuba del siglo xx. 

Mujer menuda, atractiva,   aficionada a las labores de bordados, tejidos, repostería, con gran habilidad en la pesca y una espiritualidad marcada por el amor a su padre, el médico Manuel Sánchez Silveira  con quien lleva el busto del Apóstol al Pico Turquino.

Desde muy temprana edad se incorporó a la lucha insurreccional, organizó células del Movimiento 26 de Julio, apoyó sin reparo la causa de la lucha siendo combatiente del Ejército Rebelde siempre al lado de Fidel, desarrolló un significativo papel en la creación del batallón femenino Mariana Grajales que operaba en la Sierra Maestra. En los inicios de esta etapa resultó  la principal vía de comunicación y colaboración entre la Sierra y el llano tanto que llegó a ser conocida por muchos como La Madrina.

Parte intrínseca de su naturaleza  fue la sensibilidad humana, la sencillez, la modestia, la exquisita  delicadeza femenina, la  bondad, el respeto, y la admirable preocupación por los problemas  de los demás, al igual que el sistemático interés por el contacto popular.

Por   su desempeño vital entre la Sierra y el llano, por su inigualable capacidad ejecutiva transciende en la historia. Miembro del Comité Central, Secretaria del Consejo de Estado y Diputada al Parlamento,   guía de ideas novedosas  para el progreso y desarrollo del país con obras que perduran como el Coppelia ,  El jardín Botánico, el Parque Lenín entre otras.

Asumió tareas muy importantes como la recopilación de toda la información de la lucha en la Sierra Maestra y los momentos significativos de la Revolución, siendo esto de gran valor  para la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo  de Estado.


A decir  Pedro Álvarez Tabío,  su primer biógrafo, siempre tendremos la sensación de que faltó algo por decir pero con orgullo para todos los cubanos la definimos como la más autóctona flor de la Revolución.
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